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sábado, 10 de agosto de 2013

Isabel Allende

Isabel Allende.







  Pensar en el rol que ha cumplido la mujer como constructora de sentido, como contadora de historias de nuestra América implica pensar  no sólo en lo que ha podido hacer, sino en lo  que se le ha dejado hacer.  Ese es un mérito que, las mujeres pueden refrendar desde bien arriba, o sea que han podido colocar la voz en la escena de otra dimensión, en un lugar que la historia tardó en otorgarles.
Esas  mujeres que pudieron realmente trascender como  escritoras de novelas, atravesadas por su propia sensibilidad, por una humanidad típicamente nuestra, que denostada por una sociedad que les reservaba otro papel,  estuvieron, muchas veces, mediadas por  el menosprecio y el relegamiento a un lugar secundario.

En ese marco, la literatura de Isabel Allende, marca un hito, un inicio.
Sus éxitos en ventas son arrolladores, pero  hay críticos y escritores que son sido implacables con ella, la  consideran  escritora de subliteratura, literatura comercial o como una copia menor de Gabriel García Márquez . Que es muy mala escritora, que solo hace literatura femenina, etc, etc es lo que se dice. Desde mi propia subjetividad de lectora y de muchos que piensan como yo, opino que  es muy bueno pasar un buen rato leyendo sus narraciones, puesto que son entretenidas, no cuesta dejarse atrapar por ellas y poseen méritos que atraen al público masivo o a lectores más exigentes. Con Isabel es difícil encontrar un término medio: hay quienes siempre la odiarán, en tanto otros se fascinarán ante cada nuevo título suyo.


 Su vida.

Protagonista de una vida de novela, Isabel Allende,  nació en Lima mientras su padre se desempeñaba como embajador de Chile en Perú. Su madre  abandonada por su marido tuvo que retornar a Chile  con los niños pequeños.  Isabel y sus dos hermanos  se instalaron en casa de sus abuelos maternos, personajes increíbles que inspiraron en ella la novela La casa de los espíritus.
Entre 1953 y 1958,  vivió  sucesivamente con la nueva pareja de su madre, quién también era diplomático, en Bolivia y en El Líbano. La vida de la madre de Isabel también resulta sorprendente. Moverse en esos ambientes, siendo ambos separados y “juntados” en esos años resultaba insólito. Esas experiencias marcaron la vida de Isabel,   propiciando el despliegue de  su imaginación desbordante.
Isabel retornó a Chile en 1959 y se casó con Miguel Frías,  cuatro años más tarde. La pareja tuvo dos hijos: Paula  y Nicolás, ambos nacidos en Santiago.
Desde 1959 hasta 1965 trabajó en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en Santiago de Chile.
A partir de 1967,  tomó parte en la redacción de una revista de interés general,  publicando una gran cantidad de artículos sobre diversos temas. Posteriormente realizó colaboraciones para una revista infantil donde  publicó  cuentos para niños (La abuela Panchita y Lauchas y lauchones) . Trabajó, también, en dos canales de televisión chilenos.
A raíz del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende y del advenimiento de la dictadura, toda la familia debió exilarse por su cercanía al gobierno de La Unidad Popular. Si bien el padre biológico de Isabel era primo de Salvador, esa cercanía tenía que ver   con lo  ideológico y con la participación.  Se exiliaron en Venezuela.


Su obra.

LA CASA DE LOS ESPIRITUS (1982), su primera novela y su obra más conocida, nació de una carta que había comenzado a escribirle a su abuelo en 1981, cuando este tenía 99 años y estaba a las puertas de la muerte. La segunda , DE AMOR Y DE SOMBRA (1984) se convirtió también en otro gran éxito. Ambas fueron llevadas  a la pantalla grande por Hollywood, lanzando el nombre de Isabel al ámbito internacional. En ambas novelas se aborda el tema de la dictadura chilena.
Los viajes constantes que emprendió promocionando sus libros hicieron que su matrimonio con Frías llegara a su término. Divorciada de su marido, se casó con Willie Gordon el 7 de julio de 1988 en San Francisco. Vive en California, Estados Unidos desde 1988
Su hija Paula murió en 1992 a los 28 años de edad, a causa de una porfiria, que la dejó en coma en una clínica de Madrid. La dolorosa experiencia impulsó a escribir PAULA, libro autobiográfico epistolar publicado en 1994 donde relata como fue su niñez y juventud hasta llegar a la época del exilio y va desarrollando el proceso de la enfermedad de Paula. Dos años después de que se publicara esta obra, funda The Isabel Allende Foundation, en homenaje a su hija, que había trabajado de voluntaria en comunidades marginales (Venezuela y España) como educadora y psicóloga.
Ha sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos y con el Premio Nacional de Literatura de Chile y Premio Hans Christian Andersen y muchos más por la excelencia y aporte de su obra a la literatura.,
En el plano literario, confiesa que cuando comienza a escribir ella genera un lugar, una época y los personajes y la historia se van dando por sí solos, es decir, no tiene un plan inicial con todas las acciones. Varios de sus libros han nacido de cartas o reflexiones personales
El humor es parte integral de sus escritos, ya sean periodísticos u obras literarias. Manifiesta que se acostumbró a escribir de esta manera cuando era periodista y ahora, gracias a eso, puede ver la historia "detrás" de cada asunto, una visión alternativa.
Con LA CIUDAD DE LAS BESTIAS inicia una trilogía de corte ecológico, en un intento de llegar al público lector joven.
Además de obras de carácter autobiográfico, ha escrito novelas históricas, como INÉS DEL ALMA MÍA, basada en la vida de Inés de Suárez, la primera española en llegar a Chile.
 HIJA DE LA FORTUNA, RETRATO EN SEPIA, LA ISLA BAJO EL MAR, EL CUADERNO DE MAYA, son novelas que hablan de mujeres luchadoras, en distintas épocas, en distintos escenarios y circunstancias.
Con ternura e impecable factura literaria, Isabel Allende perfila  a sus personajes como parte indisoluble del destino colectivo de un continente marcado por el mestizaje, las injusticias sociales y la búsqueda de la propia identidad. Este logrado universo narrativo es el resultado de una lúcida conciencia histórica y social, así como de una propuesta estética que constituye una singular expresión literaria.

Esta  forma particular de escribir y narrar, abrió puertas a otras narradoras latinoamericanas,   únicas, que develan la cultura, muestran  una mirada de  odios y  amores, de  desencuentros, la muerte y la virtud de vivir. Es que Gioconda Belli  desde Nicaragua, nos pone el país bajo su piel, o  Laura Restrepo nos da esa particular visión de su Colombia,  y  qué decir de Laura Esquivel y su agua para chocolate, que dejan sus maravillosas historias en papeles de borrador con rouge, humedecidos por lágrimas de útero y manchadas por la tierra multicolor de nuestra América.
Isabel y tantas más, exploran nuestro ser y la identidad de este territorio y contribuyen a la construcción de un mundo solidario y liberado.