Pensar en el rol que ha
cumplido la mujer como constructora de sentido, como contadora de historias de nuestra América implica pensar no
sólo en lo que ha podido hacer, sino en lo que se le ha dejado hacer. Ese es un mérito que, las mujeres pueden
refrendar desde bien arriba, o sea que han podido colocar la voz en la escena
de otra dimensión, en un lugar que la historia tardó en otorgarles.
Esas
mujeres que pudieron realmente trascender
como escritoras de novelas, atravesadas
por su propia sensibilidad, por una humanidad típicamente nuestra, que
denostada por una sociedad que les reservaba otro papel, estuvieron, muchas veces, mediadas por el menosprecio y el relegamiento a un lugar
secundario.
En
ese marco, la literatura de Isabel Allende, marca un hito, un inicio.
Sus
éxitos en ventas son arrolladores, pero hay críticos y escritores que son sido implacables
con ella, la consideran escritora de subliteratura, literatura comercial
o como una copia menor de Gabriel García Márquez . Que es muy mala escritora,
que solo hace literatura femenina, etc, etc es lo que se dice. Desde mi propia
subjetividad de lectora y de muchos que piensan como yo, opino que es muy bueno pasar un buen rato leyendo sus
narraciones, puesto que son entretenidas, no cuesta dejarse atrapar por ellas y
poseen méritos que atraen al público masivo o a lectores más exigentes. Con
Isabel es difícil encontrar un término medio: hay quienes siempre la odiarán,
en tanto otros se fascinarán ante cada nuevo título suyo.
Su vida.
Protagonista
de una vida de novela, Isabel Allende, nació en Lima mientras su padre se desempeñaba
como embajador de Chile en Perú. Su madre
abandonada por su marido tuvo que retornar a Chile con los niños pequeños. Isabel y sus dos hermanos se instalaron en casa de sus abuelos maternos,
personajes increíbles que inspiraron en ella la novela La casa de los
espíritus.
Entre
1953 y 1958, vivió sucesivamente con la nueva pareja de su madre,
quién también era diplomático, en Bolivia y en El Líbano. La vida de la madre
de Isabel también resulta sorprendente. Moverse en esos ambientes, siendo ambos
separados y “juntados” en esos años resultaba insólito. Esas experiencias
marcaron la vida de Isabel, propiciando el despliegue de su imaginación desbordante.
Isabel
retornó a Chile en 1959 y se casó con Miguel Frías, cuatro años más tarde. La pareja tuvo dos
hijos: Paula y Nicolás, ambos nacidos en
Santiago.
Desde
1959 hasta 1965 trabajó en la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), en Santiago de Chile.
A
partir de 1967, tomó parte en la
redacción de una revista de interés general, publicando una gran cantidad de artículos
sobre diversos temas. Posteriormente realizó colaboraciones para una revista
infantil donde publicó cuentos para niños (La abuela Panchita y
Lauchas y lauchones) . Trabajó, también, en dos canales de televisión chilenos.
A
raíz del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende y
del advenimiento de la dictadura, toda la familia debió exilarse por su
cercanía al gobierno de La Unidad Popular. Si bien el padre biológico de Isabel
era primo de Salvador, esa cercanía tenía que ver con
lo ideológico y con la participación. Se exiliaron en Venezuela.
Su
obra.
LA
CASA DE LOS ESPIRITUS (1982), su primera novela y su obra más conocida, nació
de una carta que había comenzado a escribirle a su abuelo en 1981, cuando este
tenía 99 años y estaba a las puertas de la muerte. La segunda , DE AMOR Y DE
SOMBRA (1984) se convirtió también en otro gran éxito. Ambas fueron llevadas a la pantalla grande por Hollywood, lanzando
el nombre de Isabel al ámbito internacional. En ambas novelas se aborda el tema
de la dictadura chilena.
Los
viajes constantes que emprendió promocionando sus libros hicieron que su
matrimonio con Frías llegara a su término. Divorciada de su marido, se casó con
Willie Gordon el 7 de julio de 1988 en San Francisco. Vive en California,
Estados Unidos desde 1988
Su
hija Paula murió en 1992 a los 28 años de edad, a causa de una porfiria, que la
dejó en coma en una clínica de Madrid. La dolorosa experiencia impulsó a
escribir PAULA, libro autobiográfico epistolar publicado en 1994 donde relata
como fue su niñez y juventud hasta llegar a la época del exilio y va desarrollando
el proceso de la enfermedad de Paula. Dos años después de que se publicara esta
obra, funda The Isabel Allende Foundation, en homenaje a su hija, que había
trabajado de voluntaria en comunidades marginales (Venezuela y España) como
educadora y psicóloga.
Ha
sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos y con el
Premio Nacional de Literatura de Chile y Premio Hans Christian Andersen y
muchos más por la excelencia y aporte de su obra a la literatura.,
En
el plano literario, confiesa que cuando comienza a escribir ella genera un
lugar, una época y los personajes y la historia se van dando por sí solos, es
decir, no tiene un plan inicial con todas las acciones. Varios de sus libros
han nacido de cartas o reflexiones personales
El
humor es parte integral de sus escritos, ya sean periodísticos u obras
literarias. Manifiesta que se acostumbró a escribir de esta manera cuando era
periodista y ahora, gracias a eso, puede ver la historia "detrás" de
cada asunto, una visión alternativa.
Con
LA CIUDAD DE LAS BESTIAS inicia una trilogía de corte ecológico, en un intento
de llegar al público lector joven.
Además
de obras de carácter autobiográfico, ha escrito novelas históricas, como INÉS
DEL ALMA MÍA, basada en la vida de Inés de Suárez, la primera española en
llegar a Chile.
HIJA DE LA FORTUNA, RETRATO EN SEPIA, LA ISLA
BAJO EL MAR, EL CUADERNO DE MAYA, son novelas que hablan de mujeres luchadoras,
en distintas épocas, en distintos escenarios y circunstancias.
Con
ternura e impecable factura literaria, Isabel Allende perfila a sus personajes como parte indisoluble del
destino colectivo de un continente marcado por el mestizaje, las injusticias
sociales y la búsqueda de la propia identidad. Este logrado universo narrativo
es el resultado de una lúcida conciencia histórica y social, así como de una
propuesta estética que constituye una singular expresión literaria.
Esta
forma particular de escribir y narrar,
abrió puertas a otras narradoras latinoamericanas, únicas, que develan la cultura, muestran una mirada de
odios y amores, de desencuentros, la muerte y la virtud de vivir.
Es que Gioconda Belli desde Nicaragua,
nos pone el país bajo su piel, o Laura
Restrepo nos da esa particular visión de su Colombia, y qué
decir de Laura Esquivel y su agua para chocolate, que dejan sus maravillosas
historias en papeles de borrador con rouge, humedecidos por lágrimas de útero y
manchadas por la tierra multicolor de nuestra América.
Isabel
y tantas más, exploran nuestro ser y la identidad de este territorio y
contribuyen a la construcción de un mundo solidario y liberado.
