lunes, 26 de agosto de 2013

Mercedes Sosa.

Mercedes Sosa.


 


En  la música popular argentina hay un antes y un después de Mercedes Sosa.  La inmensidad de su aporte, desde su Tucumán natal, desde un hogar humilde, hasta llegar a conmover a públicos de los más diversos en el mundo, gracias a esa voz increíble que maravilla, emociona y conmueve a quien la escucha le ha otorgado una dimensión inimaginada.  A pesar de su desaparición física  su estilo inconfundible continuará, por siempre, convertido en un símbolo universal.

Comienzos y exilio.

Mercedes se radicó en Mendoza junto a su esposo y músico Manuel Oscar Matus. Allí, junto  al poeta Armando Tejada Gómez, fue parte del movimiento del Nuevo Cancionero que renovó las expresiones artísticas de raíz nativa. Los postulados éticos y estéticos de este movimiento cambiaron para siempre el folclore argentino.
La esencia de aquel Nuevo Cancionero en las palabras de Tejada Gómez que decía " que el objetivo era convertir el auge de la canción nativa en una toma de conciencia profunda y popular, desdeñando el costumbrismo fácil y el pintoresquismo folklórico de tarjeta postal, para que la canción responda a un auténtico ser y querer ser de nuestro pueblo y sirva de vehículo de comunicación verdadero entre cada región del país y de América"  hicieron de la carrera de Mercedes un camino de ida hacia un compromiso con una ideología  progresista y latinoamericanista.
La gran oportunidad llegó cuando Jorge Cafrune la invitó a cantar con él en el Festival de Cosquín. Aquel día maravilló al público argentino y se inició esa relación de amor y admiración que ya no tendría límites.

En 1967, hizo una exitosa gira por Estados Unidos y Europa. A comienzo de los años '70, grabó dos álbumes  con el compositor Ariel Ramírez y Félix Luna. Se llamaron Cantata Sudamericana y Mujeres Argentinas y se convirtieron en éxitos contundentes.
Vivió el giro a la izquierda de América Latina en los 60 y 70, y experimento la profunda vinculación entre lo artístico, lo político y lo personal ya que su vida y su carrera artística se construyó al calor de la lucha por fundar un movimiento revolucionario profundamente renovador de los contenidos de nuestro folklore.
Ya por ese entonces era común que fuera censurada en las radios oficiales, gobernaba el país Lanusse.
Pero fue el Proceso de Reorganización Nacional el que más intentó acallar su voz, como la de tantos cantantes de ese momento. Luego del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, ella decidió  permanecer en el país.


 En 1979 grabó "Serenata para la tierra de uno"; en medio de la violencia seguía cantándole a la vida. Pero el hostigamiento fue insoportable. Luego de ser detenida durante un concierto en la ciudad de La Plata, junto a 350 espectadores, decidió exiliarse. Primero vivió en París y al año siguiente, en 1980, se instaló en Madrid. Mercedes pudo desarrollar, en sus años de exilio, una intensa actividad artística internacional a pesar de que el exilio le producía una tristeza indescriptible.

En teoría, Mercedes Sosa podía entrar y salir del país, no tenía causa judicial alguna, pero no podía cantar. Fue un castigo doble: para ella y para todos los argentinos. En un país en que la vida humana no tenía valor alguno, y cientos de ellas se perdían en la oscuridad de las mazmorras, los usurpadores del poder pensaban que la canción con contenido era peligrosa. Por eso había que acallar a los cantores, como una manera de silenciarnos a todos.



Regreso y consagración.

Volvió  al país en 1982 tras la Guerra de Malvinas y realizó una serie de conciertos que se convirtieron en un acto cultural contra la dictadura, a la vez que un hecho renovador de la música popular argentina, al incluir temas y músicos provenientes de diferentes corrientes musicales, como el folclore, el tango y el rock nacional.
En el teatro Opera de Buenos Aires  más de una docena de conciertos a sala llena, acompañada por los más destacados músicos locales,  León Greco  Charly García,  Ariel Ramirez, Tarragó Rós se grabó un disco en vivo, convirtiéndose en uno de  los símbolos más elocuentes de la efervescencia cultural que se vivía durante los días de la caída de la dictadura y el regreso a la democracia.

 Mercedes avanzó incorporando ritmos y repertorios de compositores latinoamericanos (Chico Buarque y Milton Nascimento de Brasil, Alfredo Zitarrosa y Daniel Viglietti de Uruguay, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés de Cuba), así como a la generación de artistas argentinos que tenían su origen en el rock nacional (Charly García, León Gieco, Fito Páez, Gustavo Santaolalla), y las nuevas voces del folclore, ( Víctor Heredia, Raúl Carnota, Teresa Parodi y Peteco Carabajal )

Interprete de tantas canciones inolvidables, en todos los estilos, en todos los ritmos, de tantísimos autores. Al jardín de la república, Los mareados, Como la cigarra, Alfonsina y el mar, La maza y muchísimas otras que acompañaron nuestros sueños y nuestras utopías.
Fue proverbial su solidaridad con la Revolución Cubana. El movimiento de la nueva canción se da en la misma época del triunfo de la revolución, y es imposible separarlo de ese clima de época. La entrañable relación de Mercedes con los integrantes de la Nueva Trova cubana, con Silvio Rodríguez en particular, es inseparable de su defensa de la revolución.
Discos, recitales, participación en festivales, premios, reconocimientos en esta etapa de su vida, siempre a la búsqueda del reconocimiento de su público y compartiendo generosamente escenarios y participando en  causas sociales por las que siempre luchó.
El 2 de Octubre de 2009 ingresó al Sanatorio de La Trinidad del barrio de Palermo, Buenos Aires, por un decaimiento producido por la enfermedad de Chagas-Mazza que sufría desde hacía 30 años, afección que entorpece el correcto funcionamiento del corazón. Así, Mercedes Sosa falleció el 4 de Octubre de 2009 a los 74 años.
El 6 de junio de 2013 se estrenó el documental "Mercedes Sosa, La voz de Latinoamérica", con dirección de Rodrigo Vila y producción de Fabián Matus, hijo de la artista. Cuenta con los testimonios de muchos artistas, entre ellos Julio Bocca, Pablo Milanés, Charly García, León Gieco, Abel Pintos, Teresa Parodi, Víctor Heredia y René Pérez (Calle 13).
Así era Mercedes, una artista popular, argentina con un enorme grado de universalidad, una mujer, que llevo adelante  una relación ideológica y cultural intensa  con los movimientos revolucionarios en una  permanente  búsqueda de  unidad popular y  emancipación de los pueblos.

video

lunes, 19 de agosto de 2013

María Micaela Guyunusa




Los Charrúas fueron unas de las etnias que poblaron lo que hoy es el territorio uruguayo y las cercanías de ambas costas del Río Uruguay, como  las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires desde hace unos 3.500 años.

Soportaron la conquista, defendiendo sus tierras de los españoles, luego lucharon junto al Gral. Artigas por la independencia de la "Banda Oriental", pero paulatinamente fueron desapareciendo  por las sucesivas guerras y matanzas a las que estuvieron expuestos.
La historia  de los indígenas charrúas es totalmente desconocida para los argentinos, a pesar de que aquí ocurrieron hechos similares con nuestros aborígenes como la exhibición, la matanza, la esclavitud.


Uruguay.
María Micaela, hija natural de una  indígena charrúa nació en la zona del actual Departamento de Paysandú, Uruguay donde fue bautizada.
A los 5 años de edad, formó parte del Éxodo Oriental junto con su madre y otros familiares charruas vinculados a la revolución oriental. Desde los 14 años debió vivir oculta en los montes, junto con su familia y su tribu. Los charrúas eran perseguidos y capturados, considerados por el gobierno de la Provincia Oriental como «malvados que no conocen freno alguno que los contenga», que no podían estar «librados a sus inclinaciones naturales».
El 11 de abril de 1831, los jefes charrúas, con sus tropas y familias fueron convocados por el Presidente Fructuoso Rivera  para conciliar diferencias, ofreciéndoles integrar tropas de cuidado de la frontera. Al llamado asistieron varios centenares de charrúas, así acompañó María Micaela a sus familiares e integrantes de su tribu, a un potrero cercano al arroyo Salsipuedes .
 Allí, Rivera asesinó personalmente al cacique Venado de un tiro, que fue la señal para iniciar la matanza. 1200 soldados al mando de Bernabé Rivera persiguieron y sentenciaron en el acto a miles de indígenas según la historia oral y tomaron a 300 prisioneros, entre los que se encontraba Guyunusa, a la que le fue arrebatado su hijo, un niño pequeño del que no hay datos registrados. Los prisioneros fueron llevados a pie casi 300 km hasta Montevideo, donde algunos fueron vendidos como esclavos y otros permanecieron en cautiverio.
La matanza de charrúas continúo en el resto del país hasta lograr prácticamente su desaparición.
Guyunusa fue entregada al director del Colegio Oriental de Montevideo, el francés François De Curel, quien consideró que el contacto directo con sobrevivientes de una raza próxima a su extinción despertaría el interés del público y de los científicos franceses y solicitó al gobierno uruguayo autorizaran el traslado de María Micaela y tres indígenas más a París.

Francia.
Tenía 26 años y estaba embarazada de dos meses cuando partió el barco rumbo a Francia el 25 de febrero de 1833. El grupo estaba integrado también por el cacique Vaimaca Pirú , el chamán Senacua Senaqué  y el joven guerrero Laureano Tacuabé  Martínez. En el envío se incluían un par de ñandúes, considerados  tan exóticos como los indígenas y con las mismas consideraciones y derechos.  
El 8 de junio de 1833 fueron examinados por primera vez por los miembros de la Academia de Ciencias Naturales de  París.


Fueron instalados bajo una toldería y expuestos a la curiosidad pública en una casa situada  en el IX Distrito de París. Se cobraban 5 francos para poder verlos y poco tiempo después fue rebajada a 2 francos debido a la poca asistencia del público. Guyunusa  vestía pieles y mantas tejidas con diseños geométricos. En su frente tenía tres rayas azules pintadas en sentido vertical, que llegaban hasta el nacimiento de la nariz. Cantaba tristemente y guardaba un digno silencio frente a los curiosos
  Senaqué, tenía unos 56 o 57 años, cuando llegó a Francia. Era un médico-brujo indígena, así como un viejo guerrero y favorito del jefe de la tribu. Viajó herido de lanza en el vientre,  las malas condiciones del viaje empeoraron su situación y falleció al poco tiempo de llegar .
 El trato despótico y humillante que se les proporcionaba, además del castigo físico al que se los sometía, comenzó a ser rechazado por la sociedad francesa que se apiadó de ellos y comenzaron las gestiones legales para liberarlos.
Vaimaca Pirú ayunó y guardó profundo silencio en señal de duelo por la muerte de Senaqué. Fueron trasladados a un nuevo local de exhibición donde estarían en mejores condiciones, pero  Vaimaca falleció dos días después de llegar. Los médicos franceses diagnosticaron “muerte por melancolía”.
Guyunusa ya estaba al término de su embarazo y pocos días después de la muerte de Vaimaca, el 20 de setiembre, dio a luz a una niña a la que llamó María Mónica Micaela Igualdad Libertad.
La niña probablemente fuera hija de Vaimaca Pirú, pero en la situación fue Tacuabé quien asumió el rol paterno, asistiéndola atentamente durante el parto y cuidando de ambas.
En ese momento, las duras críticas por parte de la opinión pública francesa hicieron que la Justicia determinara que los sobrevivientes fueran retornados a su país natal. Ante esta decisión, el personaje que se encargaba de ellos, los pasó a la clandestinidad cambiando sus nombres  y huyó con ellos a Lyon, donde los vendió al dueño de un circo.
El 22 de julio de 1834 Guyunusa es llevada al hospital del Hôtel-Dieu de Lyon con un grave cuadro de tisis pulmonar. En el hospital le afeitaron el cabello, pusieron un encofrado en su cabeza y dos tubos en su nariz para permitirle respirar y le hicieron un vaciado de yeso para conservar el registro de su estructura craneana. Falleció pocas horas después, según consta en su acta de defunción en los archivos de los Hospices Civils de Lyon16. Sus restos fueron depositados en un osario común. El molde del busto de Guyunusa se conserva en el Museo del Hombre de París.
 Los rastros de  Tacuabé y su hija se pierden en Francia luego de la muerte de Micaela. ¿Qué pasó con esos infortunados? ¿Cuánto tiempo pudieron resistir las miserias de su vida? ¿Dónde acabó su doloroso calvario? Esas preguntas han quedado sin respuesta.  
En la ciudad de Lyon existe una calle a la que llaman “Camino del indio”. La leyenda dice que por allí pasó un indio huyendo con un bebé en brazos.
En el Prado de Montevideo, hay un  monumento que los recuerda. Tiene la particularidad de que no fue hecho por un único escultor, sino por tres. El cuerpo de Vaimaca Pirú- el cacique  momificado en Francia  se trajo  hace unos años de regreso a Uruguay.
Después de la matanza de Salsipuedes, el pueblo  charrua , prácticamente  dejó de existir . No hay sobrevivientes puros de esa etnia, aunque algunas huellas físicas se pueden encontrar entre la población mestiza de Uruguay. Algunos descendientes se dice que se encuentran en Argentina, en la Pcia de Entre Rios.


Pareciera que en algunas regiones de América el segregacionismo nefasto, ha triunfado destruyendo identidades, culturas y haciendo desaparecer a los verdaderos dueños de la tierra.  

sábado, 10 de agosto de 2013

Isabel Allende

Isabel Allende.







  Pensar en el rol que ha cumplido la mujer como constructora de sentido, como contadora de historias de nuestra América implica pensar  no sólo en lo que ha podido hacer, sino en lo  que se le ha dejado hacer.  Ese es un mérito que, las mujeres pueden refrendar desde bien arriba, o sea que han podido colocar la voz en la escena de otra dimensión, en un lugar que la historia tardó en otorgarles.
Esas  mujeres que pudieron realmente trascender como  escritoras de novelas, atravesadas por su propia sensibilidad, por una humanidad típicamente nuestra, que denostada por una sociedad que les reservaba otro papel,  estuvieron, muchas veces, mediadas por  el menosprecio y el relegamiento a un lugar secundario.

En ese marco, la literatura de Isabel Allende, marca un hito, un inicio.
Sus éxitos en ventas son arrolladores, pero  hay críticos y escritores que son sido implacables con ella, la  consideran  escritora de subliteratura, literatura comercial o como una copia menor de Gabriel García Márquez . Que es muy mala escritora, que solo hace literatura femenina, etc, etc es lo que se dice. Desde mi propia subjetividad de lectora y de muchos que piensan como yo, opino que  es muy bueno pasar un buen rato leyendo sus narraciones, puesto que son entretenidas, no cuesta dejarse atrapar por ellas y poseen méritos que atraen al público masivo o a lectores más exigentes. Con Isabel es difícil encontrar un término medio: hay quienes siempre la odiarán, en tanto otros se fascinarán ante cada nuevo título suyo.


 Su vida.

Protagonista de una vida de novela, Isabel Allende,  nació en Lima mientras su padre se desempeñaba como embajador de Chile en Perú. Su madre  abandonada por su marido tuvo que retornar a Chile  con los niños pequeños.  Isabel y sus dos hermanos  se instalaron en casa de sus abuelos maternos, personajes increíbles que inspiraron en ella la novela La casa de los espíritus.
Entre 1953 y 1958,  vivió  sucesivamente con la nueva pareja de su madre, quién también era diplomático, en Bolivia y en El Líbano. La vida de la madre de Isabel también resulta sorprendente. Moverse en esos ambientes, siendo ambos separados y “juntados” en esos años resultaba insólito. Esas experiencias marcaron la vida de Isabel,   propiciando el despliegue de  su imaginación desbordante.
Isabel retornó a Chile en 1959 y se casó con Miguel Frías,  cuatro años más tarde. La pareja tuvo dos hijos: Paula  y Nicolás, ambos nacidos en Santiago.
Desde 1959 hasta 1965 trabajó en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en Santiago de Chile.
A partir de 1967,  tomó parte en la redacción de una revista de interés general,  publicando una gran cantidad de artículos sobre diversos temas. Posteriormente realizó colaboraciones para una revista infantil donde  publicó  cuentos para niños (La abuela Panchita y Lauchas y lauchones) . Trabajó, también, en dos canales de televisión chilenos.
A raíz del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende y del advenimiento de la dictadura, toda la familia debió exilarse por su cercanía al gobierno de La Unidad Popular. Si bien el padre biológico de Isabel era primo de Salvador, esa cercanía tenía que ver   con lo  ideológico y con la participación.  Se exiliaron en Venezuela.


Su obra.

LA CASA DE LOS ESPIRITUS (1982), su primera novela y su obra más conocida, nació de una carta que había comenzado a escribirle a su abuelo en 1981, cuando este tenía 99 años y estaba a las puertas de la muerte. La segunda , DE AMOR Y DE SOMBRA (1984) se convirtió también en otro gran éxito. Ambas fueron llevadas  a la pantalla grande por Hollywood, lanzando el nombre de Isabel al ámbito internacional. En ambas novelas se aborda el tema de la dictadura chilena.
Los viajes constantes que emprendió promocionando sus libros hicieron que su matrimonio con Frías llegara a su término. Divorciada de su marido, se casó con Willie Gordon el 7 de julio de 1988 en San Francisco. Vive en California, Estados Unidos desde 1988
Su hija Paula murió en 1992 a los 28 años de edad, a causa de una porfiria, que la dejó en coma en una clínica de Madrid. La dolorosa experiencia impulsó a escribir PAULA, libro autobiográfico epistolar publicado en 1994 donde relata como fue su niñez y juventud hasta llegar a la época del exilio y va desarrollando el proceso de la enfermedad de Paula. Dos años después de que se publicara esta obra, funda The Isabel Allende Foundation, en homenaje a su hija, que había trabajado de voluntaria en comunidades marginales (Venezuela y España) como educadora y psicóloga.
Ha sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos y con el Premio Nacional de Literatura de Chile y Premio Hans Christian Andersen y muchos más por la excelencia y aporte de su obra a la literatura.,
En el plano literario, confiesa que cuando comienza a escribir ella genera un lugar, una época y los personajes y la historia se van dando por sí solos, es decir, no tiene un plan inicial con todas las acciones. Varios de sus libros han nacido de cartas o reflexiones personales
El humor es parte integral de sus escritos, ya sean periodísticos u obras literarias. Manifiesta que se acostumbró a escribir de esta manera cuando era periodista y ahora, gracias a eso, puede ver la historia "detrás" de cada asunto, una visión alternativa.
Con LA CIUDAD DE LAS BESTIAS inicia una trilogía de corte ecológico, en un intento de llegar al público lector joven.
Además de obras de carácter autobiográfico, ha escrito novelas históricas, como INÉS DEL ALMA MÍA, basada en la vida de Inés de Suárez, la primera española en llegar a Chile.
 HIJA DE LA FORTUNA, RETRATO EN SEPIA, LA ISLA BAJO EL MAR, EL CUADERNO DE MAYA, son novelas que hablan de mujeres luchadoras, en distintas épocas, en distintos escenarios y circunstancias.
Con ternura e impecable factura literaria, Isabel Allende perfila  a sus personajes como parte indisoluble del destino colectivo de un continente marcado por el mestizaje, las injusticias sociales y la búsqueda de la propia identidad. Este logrado universo narrativo es el resultado de una lúcida conciencia histórica y social, así como de una propuesta estética que constituye una singular expresión literaria.

Esta  forma particular de escribir y narrar, abrió puertas a otras narradoras latinoamericanas,   únicas, que develan la cultura, muestran  una mirada de  odios y  amores, de  desencuentros, la muerte y la virtud de vivir. Es que Gioconda Belli  desde Nicaragua, nos pone el país bajo su piel, o  Laura Restrepo nos da esa particular visión de su Colombia,  y  qué decir de Laura Esquivel y su agua para chocolate, que dejan sus maravillosas historias en papeles de borrador con rouge, humedecidos por lágrimas de útero y manchadas por la tierra multicolor de nuestra América.
Isabel y tantas más, exploran nuestro ser y la identidad de este territorio y contribuyen a la construcción de un mundo solidario y liberado.  

                                                               
                                                                     

sábado, 3 de agosto de 2013

Las trece rosas.









"Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia". Fueron éstas las últimas palabras que dirigiría a su familia una muchacha de 19 años llamada Julia Conesa. Corría la noche del 4 de agosto de 1939. Hacía cuatro meses que había terminado la Guerra Civil. Madrid, destruida y vencida tras tres años de acoso, de bombardeos y resistencia ante el ejército sublevado, intentaba adaptarse al nuevo orden impuesto por el general Franco, un régimen que iba a durar cuatro décadas.
Sería aquélla la última carta de Julia Conesa. Y ella lo sabía. Porque, junto a otras  presas de la madrileña cárcel de Ventas, había sido juzgada el día anterior en el tribunal de las Salesas.
Y apenas 24 horas más tarde, 13 de aquellas mujeres y 43 hombres fueron ejecutados ante las tapias del cementerio del Este.
Por su juventud, a estas mujeres se las comenzó  a llamar Las trece rosas, y su historia se convirtió pronto en una de las más conmovedoras de aquel tiempo de odio fratricida y fascismo.

Las mujeres en la República Española.

El inicio de la Guerra Civil española en 1936 catapultó a las mujeres de la España republicana hacia nuevas actividades en el mundo político y social. Si bien las reformas emprendidas durante la Republica trataron de equiparar los derechos, fue la guerra civil la que le otorgó un nuevo rol dentro de la sociedad.
En el verano de 1936 la figura heroica de la miliciana se convirtió rápidamente en el símbolo de la movilización del pueblo contra el fascismo. Su decisión de participar en el combate armado venía motivada por el deseo de defender los derechos políticos y sociales que habían adquirido durante la Segunda República y a demostrar su repulsa al fascismo.
Además de participar de la lucha, miles de mujeres se lanzaron a esfuerzos bélicos que iban desde trabajar en fábricas de municiones al voluntariado en servicios sociales, campañas educativas, proyectos culturales y actividades de apoyo a los combatientes.
 La dirigente anarquista Federica Montseny fue la primera mujer ministra en España. Entre noviembre de 1936 y mayo de 1937 tuvo a su cargo el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. En el período de la República Española se legisló acerca del divorcio, el aborto, la prostitución con  propuestas innovadoras que condujeran a cambiar la mentalidad, la conducta de género y los patrones sexuales de los hombres.
Federica Montseny y Dolores Ibárruri constituyen , símbolos notables del extraordinario papel de las mujeres republicanas en la resistencia al fascismo.
 La total derrota republicana en la guerra  acabó definitivamente con el ideal emancipador de las mujeres.

El fin de la guerra y la muerte.

En el ambiente del  verano de la posguerra -tristísimo para unos y glorioso para otros-, se mezclaban las ruinas de los edificios y la pobreza de sus pobladores con las dolorosas secuelas físicas y psicológicas de la contienda. Y, sobre todo, abundaban ya la propaganda y la represión. El día a día de la capital estaba marcado por las denuncias constantes de vecinos, amigos y familiares; por la delación, los procesos de depuración en la Administración, en la Universidad y en las empresas; por las redadas, los espías infiltrados en todas partes, las detenciones y las ejecuciones sumarias. "Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino", advertía Franco en sus discursos.
En ese contexto las Juventudes Socialistas Unificadas intentaron reorganizarse, pero progresivamente fueron delatados, detenidos, torturados.
Entre esos detenidos y detenidas, estaban las que luego fueran llamadas Las trece Rosas, en la cárcel de mujeres de Ventas, construida para 450 personas en la que se hacinaban unas 4000. Sus edades oscilaban entre los 18 y los 29 años.
Se les condenó por un atentado, ocurrido mientras algunas de ellas estaban ya detenidas. En un Consejo de Guerra fueron juzgados 57 miembros de las JSU. Entre ellos estaban los tres culpables del atentado. Pero se condenó a los 57 por cometer actos delictivos contra el "orden social y jurídico de la nueva España".
 La mayoría de las ejecuciones (incluyendo la de "las Trece Rosas") tuvieron lugar en la madrugada del 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, a 500 metros de la prisión de Las Ventas. Al día siguiente fueron fusilados los autores materiales del atentado.
Estas mujeres que sabían bien lo que hacían, y que con su valentía y convicción lucharon contra el régimen antidemocrático, que participaban de la JSU de forma consciente; pudiendo quedarse en casa, pero  salieron a la calle y optaron por luchar y defender la II República española, desempeñando diversas labores durante la defensa de Madrid y poniendo en riesgo sus propias vidas.  El régimen franquista adoptó un tono paternalista con las mujeres en sus mensajes, pero trató con igual inquina a hombres y a mujeres. La miliciana era para los vencedores la antítesis de la mujer, cuya misión en la vida era ser madre y esposa .En las guerras, son las mujeres  las que más sufren… Y el régimen de Franco hizo todo lo posible por destruir el espíritu de libertad de las mujeres que se había creado con la República.
Franco se proponía destruir hasta la simiente a los rojos del país… y al decir rojos, se hablaba de los simples demócratas, los liberales, cualquier recuerdo de los tiempos en que España había sido libre.
Se han escrito libros, representado obras de teatro y ballet, filmado películas acerca de estas trece muchachas.  En ellas hablan de las penurias, de la vida cotidiana en una prisión en la que sólo se comían lentejas, de los pertenencias colocadas en el suelo, de la desconfianza, y hasta de su capacidad para sobrevivir, intimar, quererse y reírse de sí y de su situación. Hablan de las humillaciones, de las cabezas rapadas, de las palizas, del miedo, de cómo todas salían temerosas a la galería para ver quiénes eran las elegidas para morir, de cómo sucedió todo en aquella noche terrible de agosto.
 Blanca Brisac,   escribió a su hijo esa noche, ya en capilla: "Voy a morir con la cabeza alta… Sólo te pido… que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor… Hijo, hijo, hasta la eternidad…".



Agua verde verde... Cielo de peces azules. ¡Que han muerto las estrellas! Rosas encapulladas entre los blancos tules del alba. ¡Blancor de alma de doncellas! Ay, agua verde verde... Al suelo han caído las estrellas trece estrellas rojas azules y amarillas y la tierra se cubre de azucenas por ellas de blancas rosas y de campanillas !Que han muerto las estrellas! Ay agua verde verde... Trece estrellas han muerto trece vestales del Templo de la libertad vírgenes que en blanco cortejo, sin lanzar un grito en brazos de la muerte van hacia el infinito, Ay, agua verde, verde que corres silenciosa entre líquenes y fecundas los campos y el huerto con esencias eternales... Verdor primaveral verde de pureza gracia y belleza, Trece Rosas han tronchado del eterno rosal. ¡Ay, agua verde Diosa de la Naturaleza!

 Escrito en la cárcel de Ventas por la presa Rafita Diaz, al poco del fusilamiento de las Trece Rosas.
.

Ellas fueron Las Trece Rosas.

Carmen Barrero Aguado (20 años, modista)
Martina Barroso García (24 años, modista)
Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista)
Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista).
Julia Conesa Conesa (19 años, modista).
Adelina García Casillas (19 años, activista)
Elena Gil Olaya (20 años, activista).
Virtudes González García (18 años, modista).
Ana López Gallego (21 años, modista)
Joaquina López Laffite (23 años, secretaria).
Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista).
Victoria Muñoz García (18 años, activista)..
Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre)