Enseñar y educar. En familia y en la escuela
Circula por Internet un post que dice algo así como:
La escuela enseña, la familia educa.
Si vemos las
cosas desde un punto de vista en el que todo es blanco o negro, bueno o malo,
enseñar o educar, familia o escuela, se observa un pensamiento dicotómico y simplista. Este es un
pensamiento que no ayuda a nadie, pero sobre todo no ayuda a niños
y adolescentes. Lejos de ver a la sociedad, unidos para educar y enseñar, se
trata de mostrar a padres, madres y docentes enfrentados.
Padres,
hijos y escuela.
Ser padre y
madre requiere cumplir la obligación de educar y también enseñar en la medida
de lo que se pueda y de los recursos que se tengan. Educar en valores, educar para la vida,
educar al corazón... y enseñar lo que se sepa o se pueda, ya sea como hacer una comida,
a tocar un instrumento, a jugar al fútbol,
a pescar, es algo cotidiano. Poner al
alcance de los hijos todos los saberes que tienen los padres se constituye en un acto de filiación muy
real.
Los padres y
madres también educan a sus hijos para
que cuando asistan a clase respeten lo que les enseñen sus maestras. Dificilmente
los niños se van a comportar adecuadamente si en su casa no se les enseña a no
hablar sin gritar, a escuchar antes de hablar, a respetar al otro y todas
aquellas competencias necesarias para desenvolverse en el mundo.
Las investigaciones demuestran que un entorno hogareño en el que se fomenta
el aprendizaje favorece el rendimiento
escolar de los niños. Al participar activamente en la educación de sus hijos,
los padres les están enviando mensajes
importantes. Les refuerzan la idea de
que la escuela es importante.
Pero muchas
veces esos entornos favorecedores, no existen y entonces es cuando comienzan
las pequeñas o grandes fisuras. Siempre ha habido situaciones de abandono
escolar, repitencia, sobreedad, pero pareciera que hoy esas realidades se
multiplican y para ello se hace necesario pensar otras respuestas.
Escuela,
alumnos y padres.
Los docentes
no pueden caer en la ingenuidad de querer obviar que en la escuela, además de enseñar,
se educa. Cada alumno viene de una familia diferente, con valores e incluso culturas distintas, pero la
escuela es y debería seguir siendo un lugar donde todos juntos aprenden, además
de contenidos, a relacionarse con otros
iguales y también con otros adultos fuera de la familia.
Todos los
alumnos son poseedores de una singularidad que les es propia y la escuela es
quien debe atender esa singularidad y respetarla.
En ocasiones resulta equívoco que se involucre a las familias en situaciones propias del quehacer escolar que
debieran resolverse en el ámbito que corresponde, la escuela, circunstancias
que a veces los padres naturalizan.
Al
respecto, entiendo que la situación asimétrica que existe entre un adulto que
enseña y un alumno que aprende, debiera posibilitar que ese adulto, que es un
profesional docente, cuente con las herramientas necesarias para resolver
situaciones cotidianas que se presentan todos los días en las aulas de todas
las Instituciones escolares.
Si no
pudiera resolverse en el contexto-aula, se cuenta con el contexto Institucional
donde todos los actores institucionales podrán colaborar para pensar juntos
estrategias para mejorar y/o revertir situaciones planteadas.
Analizar las
estrategias áulicas e Institucionales
que se utilizan antes de comunicar a la familia los supuestos problemas de los alumnos se constituye en un modo de
concebir la tarea escolar.
El modo de comunicar estas situaciones cobra real importancia.
Luego de agotar las instancias Institucionales conversar con los padres
manteniendo un dialogo constructivo resulta más atinado que comunicarlo con una nota en un cuaderno de comunicaciones, situación que
no admite un intercambio ameno y a la vez formal y que sirva para
enriquecimiento de todos. Esto implica una decisión Institucional que
considerando que la escuela es un
espacio social, recortado y separado del ámbito familiar contemple y valore los vínculos con
su comunidad de padres. En un lugar donde se resaltan las actitudes positivas
de los niños y se señala aquello que requiere de una reflexión grupal, se evitaran las descalificaciones, que colocan a los niños
en un lugar desde el que luego les es muy difícil sustraerse.
En ocasiones se comunica a los padres, hechos menores que pueden ser resueltos por
el adulto responsable con estrategias didácticas y curriculares que busquen
reparar los hechos, retomando las situaciones en el aula como contenido de
enseñanza tendiente a lograr una mejor convivencia entre los alumnos.
Es frecuente que algunos niños, en la escuela, se agredan entre si. Reflexiono, al respecto,
que, en tanto en el recreo como en el
aula los tiempos escolares son tiempos de enseñanza. Entonces será
responsabilidad del docente, y no de los padres, para que tales situaciones de
desborde no ocurran Los alumnos deben tener la oportunidad de jugar a juegos
grupales, juegos reglados y coordinados en el patio o en cualquier ámbito
escolar buscando prevenir estas situaciones.
Punto
de encuentro.
Encontrar un
punto de encuentro que posibilite la apropiación de valores para la vida
escolar, familiar y social, de todos los
niños, descubriendo la riqueza de la diversidad y el respeto por las
diferencias hará posible que todos las problemáticas puedan trabajarse en
conjunto con las estrategias que se proponen desde las políticas educativas
vigentes, buscando no estigmatizar y
dando cuenta del rol que cada uno cumple dentro de una Institución Educativa.
Por lo expuesto, no cabe esa dicotomía que dice que
se enseña o se educa, porque no se puede
enseñar si antes no se educa. Ambos,
familia y escuela, son pilares fundamentales en el desarrollo de los niños y se debería trabajar conjuntamente por mejorar tanto la
educación como la enseñanza, dar ejemplo de trabajo en equipo a los niños y
adolescentes, y sobre todo, por encima de todo, trabajando juntos, cada uno
desde su rol, no enfrentados, por ellos
y para ellos. De ese modo les estaremos
mostrando cuanto les queremos y cuanto nos importan.


