Comencé
a ver en sitios literarios mucha mención
sobre el libro La lección de August. Su portada me daba idea de un libro
dirigido a adolescentes. Busqué su síntesis y vi que decía:
«Todos deberíamos recibir una ovación al menos una vez en nuestra vida, porque todos vencemos al mundo.» Su cara lo hace distinto y él solo quiere ser uno más. Camina siempre mirando al suelo, la cabeza gacha y el flequillo tratando en vano de esconder su rostro, pero, aun así, es objeto de miradas furtivas, susurros ahogados y codazos de asombro. August sale poco, su vida transcurre entre las acogedoras paredes de su casa, entre la compañía de su familia, su perra Daisy y las increíbles historias de La guerra de las Galaxias. Este año todo va a cambiar, porque este año va a ir, por primera vez, a la escuela. Allí aprenderá la lección más importante de su vida, la que no se enseña en las aulas ni en los libros de texto: crecer en la adversidad, aceptarse tal y como es, sonreír a los días grises y saber que, al final, siempre encontrará una mano amiga. Desde que salió el 14 de febrero de 2012, La lección de August se ha situado en los puestos de las novelas más vendidos en la lista del New York Times y ha encontrado en la red la mejor manera de promocionarse.
Su autor, R. J. Palacio, después de buscar información se transformó en autora. Google me dice que es una diseñadora americana que ha trabajado durante años en el campo de la ilustración para libros. Mientras se dedicaba a diseñar preciosas cubiertas para cientos de autores, soñaba con escribir algún día una novela. La lección de August es su primera novela y, después de los elogios unánimes que despertó en todo el mundo, seguro que no será la última.
Con
esos antecedentes, me dispuse a leer esta novela, siempre con la idea que sería
una novela juvenil, pero que “algo” tendría, ya que muchas personas con las que
comparto gustos literarios la recomendaban.
Reseña:
August
tiene diez años, es fan de La guerra de las galaxias y nunca ha ido al colegio;
su madre es la que se ha encargado de su
educación. Pero este año sus padres han decidido que debería empezar a relacionarse
con otros niños, comenzando a ir a una escuela. August es un chico normal,
desde lo psíquico y lo mental, pero tiene
un problema físico, una cara totalmente deforme producto de una malformación
genética (Sindrome de Treacher-Collins),
por ello siempre ha sido un niño super protegido por su familia.
Aunque
tiene miedo de lo que pueda ocurrirle fuera del paraguas familiar, accede, para satisfacer a su familia que tanto impulsa
esta experiencia. Pero, como era de esperar, su integración en el colegio no es
nada fácil, ya que algunos de sus compañeros se burlan de su aspecto físico o
no se quieren acercar a él.
A
lo largo del curso, August aprende una lección que hará que su forma de ver la
vida cambie por completo. Consigue andar con la cabeza bien alta, sonreír
aunque tenga un mal día y aceptarse a sí mismo. Da rienda suelta a su sentido
del humor y con ello consigue que todos los chicos de su colegio le acepten tal
como es y lleguen a considerarlo un amigo.
La
novela es amena, posee humor, pero en algunos momentos a las personas sensibles
puede que se les haga un nudo en la garganta, o que se les escape una lágrima.
Está dividida en partes y cada una tiene
diferentes narradores: Summer, Jack, Olivia (la hermana mayor de August), etc.
De esta manera se ve como las distintas personas se relacionan con August y
como lo ven.
Los
personajes, familiares de August, compañeros,
maestros son entrañables. Summer y Jack, sus compañeros, son niños geniales que otorgan riqueza a la
historia. Lo mismo su hermana Olivia. Por supuesto, también está el “chico malo” que
discrimina a August y que trata de contagiar al resto del colegio.
Es
un libro que hace emocionar y mucho, pero también hace reflexionar. A pesar de que August sufre la discriminación
y el desprecio, la
novela tiene final feliz. Se abordan temas como la incomprensión, la intolerancia, el bullying, la
exclusión y el menosprecio, pero también hay amistad, comprensión, apoyo, amor, aceptación
e inclusión. Una escuela y maestros
totalmente integradores que contienen las situaciones y en todo momento
observan lo que está ocurriendo para ayudar a resolver los problemas.
Relacionando con nuestra realidad.
Pero
que ocurre, al respecto, en nuestras escuelas argentinas o bonaerenses con
tantos niños diferentes, física o mentalmente que transitan nuestras aulas? En
nuestro país desde hace muchos años está instalada la integración. Y estamos
transitando un camino que no es fácil,
escuchamos resistencias, se oye decir a las docentes “no estamos preparadas
para esto”. Por eso me parece que leer La Lección de August se constituye en
una lectura indispensable para todos los educadores, porque no hay dos niños
iguales, está el que se “porta mal”, está el que por un motivo u otro es
rechazado por sus compañeros o por sus docentes, está el que tiene una discapacidad de algún
tipo cuesta que sea aceptado. En ese sentido se necesitan adultos
formados, pero también con una empatía especial para tratar con estos niños. De
otro modo ninguna educación inclusiva es posible.
El
libro nos ayuda a comprender que todos somos diferentes, y que esas diferencias
son lo que nos hacen ser quienes somos y que siempre, sin importar que, debemos
respetar y ser amables con las demás personas, ya sea que sus diferencias sean
exteriores o interiores.
La
Lección de August es un libro imperdible, debe ser de esas lecturas que que
todos deberíamos leer aunque sea una vez en la vida y, aunque puede que no les
guste a todos de la misma manera, nos
puede ayudar a mejorar como personas.
Una historia tierna, dulce, divertida y muy real, que puede leerse desde los 12
años a los 99 y que resultará inolvidable.
Frases
del libro.
Como seres humanos, llevamos dentro
no sólo la capacidad para ser amables, sino la elección de poder ser amables
El universo cuida de todos sus pájaros.
Me pregunto cómo será estar en el cielo algún día sin que mi cara le
importe a nadie.
Sigue el día e intenta tocar el sol .
Salva los océanos, salva el mundo.
Tus actos son tus monumentos.
















.jpg)

.jpg)



.jpg)






