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domingo, 15 de mayo de 2016

Zitarrosa 80

Un poco de autoreferencia.

A mis 18 años conocí a Miguel y  a los 19  me casé con él.  Vivimos juntos 38 años y medio, compartiendo las buenas y las malas, como todas las parejas, como todas las personas. Una de los cosas buenas, entre tantas,  que Miguel trajo a mi vida fue la música uruguaya.
Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños, Hugo Fattoruso o José Carbajal “ El sabalero” se sucedían en las tardes o noches de música entrañable. Primero fueron los cassettes, luego los CD y finalmente el pendrive que en la  casa o en el auto me hicieron conocer y amar esos cantantes y su música. Nunca tuvimos la oportunidad de verlos. Por alguna causa no se pudo dar.  
Hasta que hace un tiempo atrás, me enteré de la realización del Concierto Zitarrosa80. Uruguay organizaba un espectáculo de recuerdo de Zitarrosa, en su cumpleaños Nº 80,  con las voces de  grandes intérpretes. Tenía una invitación previa para ir a Montevideo y decidí aceptar y concurrir a este concierto.  Se que Miguel, desde donde esté, esa noche estuvo conmigo ahí.

Adagio en mi país.
 En mi país, qué tristeza,
la pobreza y el rencor.
Dice mi padre que ya llegará
desde el fondo del tiempo otro tiempo
y me dice que el sol brillará
sobre un pueblo que él sueña
labrando su verde solar.
En mi país, qué tristeza,
la pobreza y el rencor. (…..)

El espectáculo.



El evento se organizó para el día 10 de marzo, cumpleaños de Alfredo Zitarrosa, pero debió ser suspendido por lluvia y realizado el día 11. El lugar elegido fue el Estadio Centenario, que es el principal Estadio de Uruguay, donde se realizan los partidos y los espectáculos importantes.
En el césped se instalaron las plateas y se habilitaron las tribunas. Asistieron miles y miles de personas. Consistió en una sucesión de intérpretes de canciones de Zitarrosa, llegando a grandes momentos de emotividad.
He leído en la prensa uruguaya, que se mencionan, aspectos de desorganización, problemas de sonido, de visualización de la pantalla gigante, la ausencia de un conductor y otras falencias que  parecen desmerecer el resultado. Por mi parte, si bien pude ver algunos de esos problemas, prefiero rescatar la emoción y el placer de escuchar a esos artistas enormes.


Pal’que se va.
No te olvides del pago
si te vas pa’ la ciudad
cuanti más lejos te vayas
más te tenés que acordar.
Cierto que hay muchas cosas
que se pueden olvidar
pero algunas son olvidos
y otras son cosas nomás.




Los artistas y las canciones.

 Muchos músicos se ganaron lágrimas y ovaciones.  Cristina Fernández, una rubia uruguaya con una voz increíble  en Para Manolo, una bella canción mitad en castellano, mitad en gallego, realmente rompió el hielo de la noche.
  La electrizante y emocionante versión de Adagio en mi país de Christian Cary,  levantó la primera gran ovación. Con las imágenes de la dictadura uruguaya en la pantalla, crearon un clima emotivo y militante.
  Daniel Viglietti para mi uno de los puntos más altos y emocionante de la noche. Con su voz tan especial cantó generando un silencio respetuoso y aplausos de reconocimiento por una trayectoria y una interpretación especial.
 Héctor Numa Moraes, a quien no conocía, también en un estilo de milonga le puso contenido y talento a esa noche mágica.
Y llegó el momento de Joan Manuel Serrat, que se adueño del escenario y del estadio a fuerza de su carisma. Recordandote y Memoria de ojos dorados fueron sus temas elegidos, cantados con su particularidad catalana que enamora.




Otros cantantes no tan conocidos, al menos por mi, como Emilio Branccioari, de No te va a gustar, Malena Muyala, una uruguaya con una voz gigante.



Se presentó también nuestra Liliana Herrero, interpretando El violín del Becho y La desvelada. Ovacionada.

 Una versión de Martín Buscaglia (uruguayo ) y Leandro Aristimuño ( argentino ) le pusieron el toque moderno y arriesgado al Concierto. Tania Libertad, una cantante peruana, residente en México, asimismo le otorgó también una impronta diferente. Cada artista con su estilo le confirió estilos y momentos especiales.
El recitado de un fragmento de Guitarra negra, poema que recomiendo conocer, a quien no lo conozca, en la voz de Julio Calcagno ( actor uruguayo) y Malena Mayula, tuvo sus altibajos. Creo que pudo haber sido mejorable.
Una mención para las guitarras. Algunas de las primitivas guitarras de Zitarrosa, Toto Mendéz y Julio Cobelli. Grandes acompañando a grandes.

Un punto para abajo que dejó a todos los espectadores con deseos de más,  fue el final. Candombe para el olvido cantado por todos los interpretes y con las imágenes de Zitarrosa en pantalla gigante. La interpretación pareció poco ensayada y al solicitar bises evidentemente no se había preparado otra canción, porque no lo realizaron y   el público quedó con deseos de más.

Doña Soledad
Mire doña Soledad,
 póngase un poco a pensar
Doña soledad
 cuántas personas habrá que la conozcan de verdad
Yo la ví en el almacén, peleando por un veintén
Doña soledad, y otros dicen haga el bien,
háganlo sin mirar a quién.

Significatividad subjetiva.

Alfredo Zitarrosa hubiera cumplido ese  10 de marzo 80 años. Es emblemático en toda América.  A casi 30 años de su muerte, no ha dejado de tener vigencia  y su legado es considerado como uno de los más ricos patrimonios de la música popular uruguaya.
En este Concierto se repaso parte de su vida y de su obra y sus múltiples facetas de creador.
 Un recorrido por   sus canciones, un pantallazo a parte de su extensa discografía,  y la presencia de  algunos  músicos que trabajaron con él, tanto en su primera etapa como cuando regresó, en 1984, a su país luego de 8 años de exilio.
Otros, que no fueron sus contemporáneos, si sus seguidores y admiradores, interpretaron  su música que perdura y perdurará por los tiempos.  Las huellas que dejó son tan profundas como el timbre de su voz.

Una experiencia para llevar en el corazón para siempre

lunes, 19 de agosto de 2013

María Micaela Guyunusa




Los Charrúas fueron unas de las etnias que poblaron lo que hoy es el territorio uruguayo y las cercanías de ambas costas del Río Uruguay, como  las provincias argentinas de Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires desde hace unos 3.500 años.

Soportaron la conquista, defendiendo sus tierras de los españoles, luego lucharon junto al Gral. Artigas por la independencia de la "Banda Oriental", pero paulatinamente fueron desapareciendo  por las sucesivas guerras y matanzas a las que estuvieron expuestos.
La historia  de los indígenas charrúas es totalmente desconocida para los argentinos, a pesar de que aquí ocurrieron hechos similares con nuestros aborígenes como la exhibición, la matanza, la esclavitud.


Uruguay.
María Micaela, hija natural de una  indígena charrúa nació en la zona del actual Departamento de Paysandú, Uruguay donde fue bautizada.
A los 5 años de edad, formó parte del Éxodo Oriental junto con su madre y otros familiares charruas vinculados a la revolución oriental. Desde los 14 años debió vivir oculta en los montes, junto con su familia y su tribu. Los charrúas eran perseguidos y capturados, considerados por el gobierno de la Provincia Oriental como «malvados que no conocen freno alguno que los contenga», que no podían estar «librados a sus inclinaciones naturales».
El 11 de abril de 1831, los jefes charrúas, con sus tropas y familias fueron convocados por el Presidente Fructuoso Rivera  para conciliar diferencias, ofreciéndoles integrar tropas de cuidado de la frontera. Al llamado asistieron varios centenares de charrúas, así acompañó María Micaela a sus familiares e integrantes de su tribu, a un potrero cercano al arroyo Salsipuedes .
 Allí, Rivera asesinó personalmente al cacique Venado de un tiro, que fue la señal para iniciar la matanza. 1200 soldados al mando de Bernabé Rivera persiguieron y sentenciaron en el acto a miles de indígenas según la historia oral y tomaron a 300 prisioneros, entre los que se encontraba Guyunusa, a la que le fue arrebatado su hijo, un niño pequeño del que no hay datos registrados. Los prisioneros fueron llevados a pie casi 300 km hasta Montevideo, donde algunos fueron vendidos como esclavos y otros permanecieron en cautiverio.
La matanza de charrúas continúo en el resto del país hasta lograr prácticamente su desaparición.
Guyunusa fue entregada al director del Colegio Oriental de Montevideo, el francés François De Curel, quien consideró que el contacto directo con sobrevivientes de una raza próxima a su extinción despertaría el interés del público y de los científicos franceses y solicitó al gobierno uruguayo autorizaran el traslado de María Micaela y tres indígenas más a París.

Francia.
Tenía 26 años y estaba embarazada de dos meses cuando partió el barco rumbo a Francia el 25 de febrero de 1833. El grupo estaba integrado también por el cacique Vaimaca Pirú , el chamán Senacua Senaqué  y el joven guerrero Laureano Tacuabé  Martínez. En el envío se incluían un par de ñandúes, considerados  tan exóticos como los indígenas y con las mismas consideraciones y derechos.  
El 8 de junio de 1833 fueron examinados por primera vez por los miembros de la Academia de Ciencias Naturales de  París.


Fueron instalados bajo una toldería y expuestos a la curiosidad pública en una casa situada  en el IX Distrito de París. Se cobraban 5 francos para poder verlos y poco tiempo después fue rebajada a 2 francos debido a la poca asistencia del público. Guyunusa  vestía pieles y mantas tejidas con diseños geométricos. En su frente tenía tres rayas azules pintadas en sentido vertical, que llegaban hasta el nacimiento de la nariz. Cantaba tristemente y guardaba un digno silencio frente a los curiosos
  Senaqué, tenía unos 56 o 57 años, cuando llegó a Francia. Era un médico-brujo indígena, así como un viejo guerrero y favorito del jefe de la tribu. Viajó herido de lanza en el vientre,  las malas condiciones del viaje empeoraron su situación y falleció al poco tiempo de llegar .
 El trato despótico y humillante que se les proporcionaba, además del castigo físico al que se los sometía, comenzó a ser rechazado por la sociedad francesa que se apiadó de ellos y comenzaron las gestiones legales para liberarlos.
Vaimaca Pirú ayunó y guardó profundo silencio en señal de duelo por la muerte de Senaqué. Fueron trasladados a un nuevo local de exhibición donde estarían en mejores condiciones, pero  Vaimaca falleció dos días después de llegar. Los médicos franceses diagnosticaron “muerte por melancolía”.
Guyunusa ya estaba al término de su embarazo y pocos días después de la muerte de Vaimaca, el 20 de setiembre, dio a luz a una niña a la que llamó María Mónica Micaela Igualdad Libertad.
La niña probablemente fuera hija de Vaimaca Pirú, pero en la situación fue Tacuabé quien asumió el rol paterno, asistiéndola atentamente durante el parto y cuidando de ambas.
En ese momento, las duras críticas por parte de la opinión pública francesa hicieron que la Justicia determinara que los sobrevivientes fueran retornados a su país natal. Ante esta decisión, el personaje que se encargaba de ellos, los pasó a la clandestinidad cambiando sus nombres  y huyó con ellos a Lyon, donde los vendió al dueño de un circo.
El 22 de julio de 1834 Guyunusa es llevada al hospital del Hôtel-Dieu de Lyon con un grave cuadro de tisis pulmonar. En el hospital le afeitaron el cabello, pusieron un encofrado en su cabeza y dos tubos en su nariz para permitirle respirar y le hicieron un vaciado de yeso para conservar el registro de su estructura craneana. Falleció pocas horas después, según consta en su acta de defunción en los archivos de los Hospices Civils de Lyon16. Sus restos fueron depositados en un osario común. El molde del busto de Guyunusa se conserva en el Museo del Hombre de París.
 Los rastros de  Tacuabé y su hija se pierden en Francia luego de la muerte de Micaela. ¿Qué pasó con esos infortunados? ¿Cuánto tiempo pudieron resistir las miserias de su vida? ¿Dónde acabó su doloroso calvario? Esas preguntas han quedado sin respuesta.  
En la ciudad de Lyon existe una calle a la que llaman “Camino del indio”. La leyenda dice que por allí pasó un indio huyendo con un bebé en brazos.
En el Prado de Montevideo, hay un  monumento que los recuerda. Tiene la particularidad de que no fue hecho por un único escultor, sino por tres. El cuerpo de Vaimaca Pirú- el cacique  momificado en Francia  se trajo  hace unos años de regreso a Uruguay.
Después de la matanza de Salsipuedes, el pueblo  charrua , prácticamente  dejó de existir . No hay sobrevivientes puros de esa etnia, aunque algunas huellas físicas se pueden encontrar entre la población mestiza de Uruguay. Algunos descendientes se dice que se encuentran en Argentina, en la Pcia de Entre Rios.


Pareciera que en algunas regiones de América el segregacionismo nefasto, ha triunfado destruyendo identidades, culturas y haciendo desaparecer a los verdaderos dueños de la tierra.