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miércoles, 15 de octubre de 2014

El año 2000

A los niños de la década del 60, al menos a los de mi contexto, nos interesaban mucho las historias y las ucronías acerca del año 2000. Precisamente en mi escuela, había un maestro que siempre nos hablaba de ello. Cómo sería la vida en el año 2000? Los autos volarían? Tendríamos robots en nuestras casas? Viviriamos en otros planetas? Y muchas más preguntas de ese estilo. Algunos también creían que para el año 2000 se terminaría el mundo.






Mucha de la literatura que nos rodeaba contribuía a incentivar nuestra fantasía. De la tierra a luna y Viaje al centro de la tierra de Julio Verne, eran una lectura obligada para aquellos niños con imaginación desbordante. Pero el mejor de todos era aquel de Salgari que se llamaba Las maravillas del 2000.


 Este libro, fue escrito en 1907 y la historia narra que dos científicos de finales del siglo XIX se hacían hibernar hasta el año 2000. Tras un siglo exacto, eran descongelados y, a bordo de una pequeña plataforma voladora recorrían el mundo. No había extraterrestres ni astronaves, todo lo que ocurría se refería exclusivamente al destino del hombre, a lo que éste había construido con sus propias manos en un siglo. Y, según el autor, el hombre había hecho muchas cosas y todas ellas maravillosas. Ya no había hambre ni pobreza en el mundo porque la ciencia, junto con la tecnología, habían encontrado la manera de convertir en fértiles todos los rincones del planeta, y se había logrado que esa fertilidad se distribuyese equitativamente entre todos los habitantes. Muchas máquinas aliviaban a los hombres de las fatigas del trabajo, todo el mundo tenía mucho tiempo libre y cada ser humano podía cultivar la parte más noble de sí mismo: música, filosofía, teatro.


 En las  plataformas voladoras era posible trasladarse en poco menos de una hora de un continente a otro. Los dos viejos hombres de ciencia parecían muy satisfechos: todo lo que habían hipotetizado en su fe positivista se había realizado. Las ilustraciones mostraban a los dos corpulentos investigadores, con barbas darwinianas y chalecos a cuadros, felices del rumbo que había tomado el mundo.

   Los viajeros preguntaron «Y los anarquistas, los revolucionarios, ¿todavía existen?»  Claro que  existen!  Les contestaron.  Viven en ciudades que son solamente para ellos, construidas bajo los hielos de los Polos, de manera que, si por azar quisieran perjudicar a los demás, no podrían hacerlo.
¿Y los ejércitos?¿cómo es que no se ve ni un solo soldado?» «Ya no existen los ejércitos» les contestaron. “Pero  el hombre no ha perdido la pasión por destruir.  Los soldados, los cañones, las bayonetas, son instrumentos que han sido superados. En su lugar hay un ingenio poderosísimo aunque pequeño. Bastaría subir a una montaña y dejarlo caer desde lo alto para que el mundo entero se redujera a una lluvia de esquirlas y polvillo”.
Parece que Salgari no pudo imaginar la Revolución Rusa, las Guerras mundiales, la Guerra fría, el hambre en África y tantas calamidades del Siglo XX.
Nosotros, desde aquella infancia, pensando que en nuestra edad madura llegaría el 2000, sentíamos una especie de emoción, pensando que viviríamos aquellas maravillas.
 Ahora que llegó y pasó, veo que de todo lo que imaginó Salgari, solo una sola cosa se hizo realidad: el ingenio para destruir el mundo. 



Según expresa Susanna Tamaro:   El día 1 de enero del año 2000, los pájaros se despertaron en la copa de los árboles a la misma hora que el 31 de diciembre de 1999, cantaron  de la misma manera y, apenas terminaron de cantar, fueron  en busca de alimento, como siempre, como desde el neolítico o antes.
 El día es siempre un día, la noche siempre se prolonga en proporción al día, el día en proporción a las estaciones. Así es ahora y así fue antes.  El sol sale y se pone.


En  la antiguedad ¿qué podía ocurrir a lo largo de toda una existencia? La temporada de las lluvias, la de las nieves, la estación del sol y la invasión de la plaga de langostas, alguna escaramuza cruenta con unos vecinos.  Aparte del propio territorio, más allá del río no había otra cosa. Al ignorar la extensión del mundo, forzosamente el tiempo era más lento.
Hoy,  muchas cosas han cambiado, parece que la vida del hombre es más acelerada que la de siglos anteriores. Los acontecimientos se suceden con mucha más rapidez. La llegada del Comunismo, la instalación de la Cortina de Hierro, la caída del Muro de Berlín, y tantos episodios que ocurren a nuestra vista con una velocidad que el hombre antiguo nunca hubiera podido comprender.
Aquellos  hombres  pensaron que con  la llegada del nuevo siglo todo sería diferente, que un mundo mejor sería posible. Pero, no parece verse que eso esté ocurriendo. Dicen que hay trece conflictos armados en este momento. Muere población civil, hay guerras religiosas. A veces pareciera que el hombre no es más que un animal a merced de sus instintos y con acceso a armas peligrosísimas.


Hoy resulta posible ser  un militante  del optimismo? El mundo puede ser un sitio muy triste, pero también un lugar donde cada día se renace. Si elegimos ser  positivos o constructivos estaremos construyendo para el éxito. Si nada hacemos, nada nos pasará.


Un mundo nuevo se eleva delante de ellos, con matices hasta entonces desconocidos. Ganan, poco a poco, la conciencia de sus posibilidades, con resultado inmediato de su inserción en su mundo y de la captación de las tareas de su tiempo o de la nueva visión de los viejos temas. Comienzan a hacerse críticos y, por ello, renuncian tanto al optimismo ingenuo como a los idealismos utópicos; y en cuanto al pesimismo y a la desesperación, se tornan críticamente optimistas. Cuando comienzan a verse con sus propios ojos y se consideran capaces de proyectar, la desesperación de las sociedades alienadas pasa a ser sustituida por esperanza.  Paulo Freire.